Como te podrás imaginar, la carrera de medicina es la que más salidas tiene por lo menos en los primeros años de terminar los estudios. Aproximadamente el 91% de las personas que la terminan encuentran trabajo en los 4 primeros años de su finalización.
Lo cierto es que conseguir este “trabajo asegurado” no es tarea fácil. Si buscas estudiar en una universidad pública las notas van desde el 12,6 para arriba y es la única carrera universitaria (sin contar los dobles grados) que tiene una duración de 6 años, sin contar especialidad.
Una vez has terminado la carrera tendrás que hacer el MIR, un examen en el que competirás con el resto de compañeros de estudio para elegir tu lugar de residencia y especialidad. Esta prueba tiene un valor de un 90% respecto a la calificación final y un 10% corresponde al expediente académico.
Una vez hayas obtenido tu plaza como médico interno residente, tendrás que trabajar en un centro mientras te formas durante un mínimo de 2 años y un máximo de 6 dependiendo de la especialidad.
Por último, para poder ejercer la medicina tendrás que colegiarte para que un grupo de profesionales respalde tu trabajo.
Como puedes ver, no es un camino de rosas, pero si realmente es tu vocación y estás dispuesto a invertir todo el tiempo necesario puede ser una gran oportunidad a nivel profesional.